Una decisión arriesgada
Respiré profundamente.
No hice una escena.
No llamé a seguridad.
Simplemente regresé a la mesa fingiendo normalidad.
Entonces aproveché un momento de distracción y cambié discretamente mi copa por la de Sofía.
Nadie pareció darse cuenta.
Seguimos conversando como si nada hubiera ocurrido.
Pero dentro de mí, la incertidumbre era insoportable.
Los primeros síntomas
Apenas veinte minutos después, Sofía comenzó a sentirse extraña.
Su rostro perdió color.
Comenzó a sudar.
Sus manos temblaban.
—No me siento bien —susurró.
Daniel se levantó alarmado.
—¿Qué te pasa?
—No lo sé…
Intentó ponerse de pie, pero casi cayó al suelo.
El restaurante entero quedó en silencio.
Llamaron a una ambulancia inmediatamente.
La verdad sale a la luz
Horas después, en el hospital, los médicos confirmaron algo impactante.
Sofía había ingerido una sustancia sedante de acción rápida.
No era mortal.
Pero sí suficiente para provocar mareos, confusión y pérdida temporal del conocimiento.
La pregunta era obvia:
¿Cómo había llegado esa sustancia a su organismo?
Cuando la policía comenzó la investigación, descubrieron mensajes en su teléfono que revelaban una verdad devastadora.
Durante meses había estado planeando quedarse con parte de mi fortuna.
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